sábado, 7 de enero de 2017

sin fecha

Bajo la sombrilla del ensueño, perfectas notas se alzaban, haciéndonos esquivarlas en un compás que te hacía levitar hasta las colonias de estrellas. Entonces viajé en el tiempo, así como la gente con caras afables y simétricas hacían y se veían en un salón despejándose de sus problemas al ver a la persona que los sacaría del abismo, pero vi que yo estaba en el salón más obscuro, con colores relampagueando mi cuerpo, iluminando el manto negro y nunca vi a nadie. Sólo estaba yo y nunca me había sentido tan completa conmigo misma. Sin el sentimiento de ver a alguien pasando la puerta para hacer nuestro encuentro.
Comprendí que no había nadie para diluir un vino tan amargo como yo.
Nunca me había necesitado tanto como lo hacía en ese momento.

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