Han sido ya tantos cambios. Tantos sentimientos entre nosotros que me siento cansada. No me siento tan feliz, no tan ilusionada como solía estarlo al verlo y, aunque sé los errores no los cambiaría porque eso me hizo quererlo.
He cambiado tanto este tiempo que pienso totalmente diferente a como empezamos. Todo ha sido tan rápido. En esta historia poco extensa pero no muy corta sucedieron cosas que, bueno han hecho ponerlo a él delante de todos. He puesto tanto empeño a él, he cambiado incluso cosas importantes a él, he hecho mil cosas que no debería por él. Durante tres años él ha sido toda mi historia, y ahora que se marcha ¿qué será de mí? Lamento tanto haberlo querido, sin embargo me alegro, me alegro de haberlo querido de la manera en la que lo hice. Es esa manera en la que lo quiera que me está doliendo tanto, que si algún día me dice "esto ya no va a funcionar más" simplemente, me derrumbo.
Desaparezco.
Me hundo.
Caigo.
Me desconecto.
Respiraría una vez más, y moriría.
Las nubes se contrarían y me acecharían como un animal a su presa, el mundo se derrumbaría mientras mi alma sube al quinto cielo, durante la noche se escucharía los pasos e la gente y los labios de otra persona que no soy yo, y su oido estaría escuchando esa voz.
Todo crecería tan deprisa, y yo me abrumaría con los dulces cantos del mar, mientras todo mi cuerpo se descompone en cenizas listas para volar. Tanta felicidad me asfixiaría y tanto dolor me ahogaría.
Traté de hacerlo lo mejor que pude, pero él siempre fue tan perfecto que yo simplemente tropezaba sin saber a dónde mirar, o qué hacer. Siempre me vi tan estúpida a su lado que podía presumir que él era parte de mí y me concedían sus gratitudes. Tan... estúpida.
Siempre fue él, el inteligente, el maduro, mientras que yo inútilmente trataba de seguir su paso y ponerme a su altura. Pocas veces me sentía merecedora de él, pero cuando lo hacía mi felicidad no podía ser descrita, un placer que pocas veces gocé.
Recuerdo aún sus ojos tristes cuando lo miré y le dije que esto no tenía sentido si seguíamos juntos.
No quiero sembrar tristezas pero mis semillas de felicidad ahora están vencidas, y es que no puedo dejarlo ir. Sin él no sería yo. Incluso si ya no lo quisiera me dolaría no quererlo porque ya no soy la niña individualista e independiente, él es una parte de lo que soy ahora. Ya no podría sin él, ya no, simplemente, mi rostro doliente dejaría de mecerse y caería al piso como vidrios rotos, y sabría que comencé a vivir en ese momento.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario